El cerebro del envidioso: ¿Qué pasa en nuestra mente cuando sentimos envidia?

Imagen de dos mujeres sentadas en una banca, se comparan entre sí.

La envidia es una emoción humana muy común que consiste en sentir malestar o deseo por lo que otro tiene o logra. Aunque puede tener algunas ventajas, como motivarnos a mejorar o a aprender de los demás, también puede tener efectos negativos, como generar hostilidad, resentimiento o frustración.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando experimentamos envidia? ¿Cómo podemos combatirla o canalizarla de forma positiva? En este artículo te lo contamos.

La envidia y el cerebro

La envidia tiene una base biológica y evolutiva, ya que se relaciona con la competencia por los recursos y la supervivencia. Algunos estudios han mostrado que la envidia activa el estriado ventral, una zona del cerebro asociada al placer y la recompensa, pero también al dolor y al castigo. Esto significa que la envidia puede producir tanto satisfacción como sufrimiento, dependiendo de si el otro pierde o gana más que nosotros.

Por ejemplo, un estudio realizado por psicólogos israelíes analizó imágenes de resonancia magnética funcional del cerebro de personas voluntarias durante un juego interactivo de azar.

Observaron que algunos jugadores, incluso cuando perdían dinero, experimentaban alegría si el otro jugador, el rival, perdía más. Del mismo modo, algunos participantes que iban ganando mostraron envidia si el otro ganaba aún más. Esta envidia se reflejó claramente en la activación del estriado ventral durante el juego.

La envidia y la percepción

A menudo, las personas pueden expresar deseos positivos por nuestro bienestar o éxito, pero en realidad pueden albergar sentimientos contrarios. Como dice una canción popular, «Kiko envidiaba al chavo y no tenía nada», ilustrando cómo la envidia puede manifestarse incluso en situaciones donde aparentemente no existiría motivo para ello.

Se afirma que el envidioso es peligroso, no necesariamente por su persona, sino por las intenciones ocultas que puedan tener. Esta percepción resalta la complejidad de la envidia, mostrando que no siempre se envidia lo que se posee, sino que a veces se anhela que otros no lo tengan.

La envidia y la moral

La envidia no solo tiene una dimensión psicológica y neuronal, sino también moral y social. Puede llevarnos a actuar de manera injusta o dañina con los demás, e incluso a desear que les vaya mal.

Esta actitud puede generar conflictos, violencia o aislamiento. Según el filósofo Spinoza, el envidioso se siente constreñido ante el bien ajeno. Asimismo, el economista Carlo M. Cipolla clasificaba al envidioso como alguien que se hace daño a sí mismo al dañar al otro.

La envidia también puede afectar nuestra autoestima y felicidad al impulsarnos a compararnos constantemente con los demás, haciéndonos sentir inferiores o insatisfechos. Esto puede obstaculizar la apreciación de lo que tenemos y hacernos olvidar nuestros propios valores y objetivos.

La envidia y la educación

Dado que la envidia es un sentimiento arraigado en la naturaleza humana, resulta difícil de eliminar. Sin embargo, podemos aprender a controlarla o a transformarla en algo positivo. Es esencial recibir información y educación adecuadas desde la infancia sobre la envidia y sus negativas consecuencias. Además, el desarrollo de habilidades como la empatía, la gratitud, la generosidad o la cooperación puede ayudarnos a valorar y celebrar los logros ajenos.

Es fundamental reflexionar sobre nuestra propia envidia. Quizás lo que el otro tiene lo obtuvo con esfuerzo y dedicación, sin desear perjudicarnos. Evitar hablar mal del envidiado o causarle cualquier tipo de daño, como negarle cosas, marginarlo o difamarlo, es crucial. En lugar de hostilidad, debemos buscar la armonía y el respeto.

También podemos enfocar nuestra envidia de manera constructiva, utilizándola como estímulo para mejorar o aprender de los demás. Observar lo que el otro hace bien y buscar aprender de ello es una estrategia efectiva. Compitiendo con nosotros mismos, podemos superarnos sin obsesionarnos con los logros ajenos. En definitiva, podemos convertir la envidia en admiración o inspiración.

Ejemplos concretos de cómo la envidia puede manifestarse en la vida cotidiana

  • Un amigo que se siente celoso de nuestro éxito profesional y comienza a hablar mal de nosotros.
  • Una pareja que se siente celosa de la atención que le damos a nuestros hijos.
  • Un empleado que se siente celoso de la promoción que recibió su compañero de trabajo.

¿Es justificable la envidia?

En general, la envidia se considera una emoción negativa. Sin embargo, hay algunos casos en los que podría ser justificada, como cuando se trata de defender nuestros derechos o intereses. Por ejemplo, podríamos sentir envidia si nos sentimos discriminados por nuestra raza, género u orientación sexual. En este caso, la envidia podría motivarnos a luchar por la igualdad y la justicia.

También podríamos sentir envidia si vemos que alguien se beneficia injustamente de nuestros recursos o logros. En este caso, la envidia podría motivarnos a defendernos y a exigir lo que nos corresponde.

En última instancia, la cuestión de si la envidia es justificable o no es una cuestión moral. Depende de cada individuo evaluar la situación y decidir si la envidia es un sentimiento legítimo o no.

Consejos prácticos para controlar la envidia

Aquí hay algunos consejos prácticos para controlar la envidia:

  • Reflexionar sobre la fuente de nuestra envidia. ¿Es algo que realmente queremos o es simplemente una reacción a la comparación con los demás?
  • Centrarnos en nuestras propias fortalezas y logros. ¿Qué tenemos que ofrecer a los demás?
  • Ser agradecidos por lo que tenemos. ¿Qué aspectos positivos hay en nuestra vida?
  • Aprender de los demás. ¿Qué podemos aprender del éxito de los demás?

Si seguimos estos consejos, podemos aprender a controlar la envidia y a convertirla en una fuerza positiva para nuestro desarrollo personal.

Conclusión

La envidia es una emoción compleja con aspectos tanto positivos como negativos. Por un lado, puede motivarnos a mejorar o a aprender de los demás. Por otro lado, puede generarnos malestar, hostilidad o frustración.

La envidia tiene bases biológicas, evolutivas, morales y sociales. Se manifiesta tanto en nuestro cerebro como en nuestro comportamiento. Aunque resulta difícil de eliminar, podemos educarla, controlarla, transformarla y canalizarla. La envidia es, en última instancia, una parte de nuestra naturaleza humana que podemos aprovechar o superar.

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