Cómo reconocer y alejarse de las personas tóxicas

imagen de 2 mujeres, una aconsejando a la otra, Cómo identificar y alejarse de las personas tóxicas

Las personas tóxicas son aquellas que nos hacen sentir mal, que nos desgastan, que nos intimidan, que nos manipulan, que nos envidian, que nos critican o que nos agreden. 

Estas personas pueden causarnos malestar, culpa, miedo, frustración o incluso dañar nuestra salud mental y física. Por eso, es importante saber cómo identificarlas y cómo protegernos de ellas.

Características de las personas tóxicas

Las personas tóxicas suelen tener algunas características comunes que las delatan, como:

  • Baja autoestima: No se valoran a sí mismas y buscan la aprobación, el reconocimiento o la admiración de los demás. También pueden proyectar sus inseguridades y defectos en los otros, haciéndoles sentir inferiores o culpables.
  • Inseguridad: No confían en sus capacidades y se sienten amenazados por el éxito, la felicidad o el talento de los demás. También pueden ser celosos, posesivos o controladores, intentando limitar la libertad o la autonomía de los otros.
  • Egocentrismo: Se creen el centro del universo y solo se preocupan por sus propios intereses, necesidades o deseos. No tienen en cuenta los sentimientos, las opiniones o los derechos de los demás. También pueden ser arrogantes, soberbios o vanidosos, creyéndose superiores o especiales.
  • Narcisismo: Se enamoran de su propia imagen y se obsesionan con su apariencia, su fama o su poder. No tienen empatía ni compasión por los demás. También pueden ser manipuladores, mentirosos o seductores, usando a los otros como objetos o medios para conseguir sus fines.
  • Queja: Se lamentan constantemente de todo y no hacen nada para cambiar o mejorar su situación. No asumen su responsabilidad ni su compromiso con su vida. También pueden ser negativos, pesimistas o derrotistas, viendo solo los problemas y no las soluciones.
  • Depresión: Se sienten tristes, vacíos o sin sentido y no disfrutan de nada. No tienen ilusión ni motivación por el futuro. También pueden ser apáticos, indiferentes o aislados, rechazando el contacto o la ayuda de los demás.
  • Victimismo: Se consideran víctimas de las circunstancias, de los demás o del destino y no se hacen cargo de sus acciones o consecuencias. No tienen capacidad de autocrítica ni de aprendizaje. También pueden ser chantajistas, dramáticos o exagerados, buscando la compasión, la atención o el beneficio de los otros.
  • Falta de adaptación: No aceptan ni respetan las normas, los límites o las diferencias de la realidad. No tienen flexibilidad ni tolerancia ante los cambios o los imprevistos. También pueden ser rebeldes, impulsivos o irresponsables, actuando sin pensar o sin medir las consecuencias.
  • Inmadurez: No han desarrollado las habilidades emocionales, sociales o personales necesarias para relacionarse de forma sana y equilibrada. No tienen criterio ni coherencia en su forma de pensar, sentir o actuar. También pueden ser infantiles, caprichosos o dependientes, necesitando que los demás les resuelvan sus problemas o les satisfagan sus deseos.

Tipos de personas tóxicas

Las personas tóxicas pueden adoptar diferentes roles o comportamientos según el ámbito en el que se encuentren, como la pareja, la familia, los amigos, el trabajo o la sociedad. Algunos de los tipos más comunes son:

  • El manipulador: Es aquel que usa la mentira, la falsedad, la adulación, la culpa o el miedo para conseguir lo que quiere de los demás. No respeta la voluntad, las preferencias o los valores de los otros. Su objetivo es dominar, influir o someter a los que le rodean.
  • El agresivo: Es aquel que usa la violencia, la intimidación, la amenaza o el insulto para imponer su criterio, su autoridad o su poder sobre los demás. No respeta la dignidad, la integridad o los derechos de los otros. Su objetivo es dañar, humillar o destruir a los que le molestan.
  • El culpabilizador: Es aquel que usa la crítica, el reproche, el juicio o la sanción para hacer sentir mal a los demás. No respeta la libertad, la responsabilidad o las decisiones de los otros. Su objetivo es castigar, corregir o controlar a los que le desobedecen.
  • El envidioso: Es aquel que usa la comparación, el desprecio, la burla o el sabotaje para menospreciar el éxito, la felicidad o el talento de los demás. No respeta la diferencia, la diversidad o la singularidad de los otros. Su objetivo es envidiar, odiar o arruinar a los que le superan.
  • El jefe autoritario: Es aquel que usa la presión, la exigencia, la imposición o la coacción para dirigir, organizar o supervisar el trabajo de los demás. No respeta la autonomía, la creatividad o la iniciativa de los otros. Su objetivo es mandar, ordenar o dominar a los que le trabajan.
  • El quejoso: Es aquel que usa la lamentación, la protesta, la queja o el llanto para expresar, compartir o transmitir su malestar, su insatisfacción o su desgracia. No respeta el ánimo, la alegría o la positividad de los otros. Su objetivo es quejarse, molestar o contagiar a los que le escuchan.
  • El mentiroso: Es aquel que usa la falsedad, la invención, la omisión o la distorsión para ocultar, engañar o confundir la verdad, la realidad o los hechos. No respeta la honestidad, la transparencia o la confianza de los otros. Su objetivo es mentir, engañar o confundir a los que le creen.
  • El irrespetuoso: Es aquel que usa la grosería, la falta de educación, la mala educación o la descortesía para tratar, comunicarse o relacionarse con los demás. No respeta las normas, los límites o las formas de la convivencia. Su objetivo es faltar, ofender o molestar a los que le soportan.
  • El insatisfecho: Es aquel que usa la exigencia, la inconformidad, la insatisfacción o la frustración para valorar, juzgar o evaluar lo que tiene, lo que hace o lo que vive. No respeta la gratitud, la aceptación o la felicidad de los otros. Su objetivo es exigir, insatisfacer o frustrar a los que le acompañan.
  • El vampiro emocional: Es aquel que usa la dependencia, la necesidad, la demanda o la absorción para nutrirse, alimentarse o llenarse de la energía, la atención o el afecto de los demás. No respeta el espacio, el tiempo o la intimidad de los otros. Su objetivo es depender, necesitar o absorber a los que le quieren.

Antídotos contra las personas tóxicas

Las personas tóxicas pueden afectarnos negativamente si no sabemos cómo defendernos o alejarnos de ellas. Por eso, es importante tener algunos antídotos o estrategias para protegernos de su influencia, como:

  • La comunicación: Es importante expresar de forma clara, directa y respetuosa lo que pensamos, sentimos o queremos, sin dejarnos manipular, intimidar o culpabilizar por las personas tóxicas. También es importante escuchar activamente lo que nos dicen, sin caer en sus trampas, mentiras o chantajes.
  • El sentido del humor: Es importante usar el humor, la ironía o la risa para relativizar, desdramatizar o aliviar el malestar, la tensión o el conflicto que generan las personas tóxicas. También es importante reírnos de nosotros mismos, sin tomarnos demasiado en serio, ni dejar que nos afecten las críticas, los reproches o las burlas.
  • La autoestima: Es importante valorarnos, querernos y respetarnos a nosotros mismos, sin dejarnos menospreciar, humillar o dañar por las personas tóxicas. También es importante reconocer nuestras fortalezas, capacidades y talentos, sin dejarnos intimidar, envidiar o sabotear por las personas tóxicas.
  • La asertividad: Es importante defender nuestros derechos, intereses y necesidades, sin dejarnos imponer, coaccionar o violar por las personas tóxicas. También es importante decir no, poner límites y establecer consecuencias, sin dejarnos presionar, exigir o chantajear por las personas tóxicas.
  • La distancia: Es importante alejarnos física, emocional o mentalmente de las personas tóxicas, sin dejarnos absorber, depender o contaminar por ellas. También es importante cortar el contacto, bloquear la comunicación o romper la relación, sin dejarnos manipular, seducir o engañar por las personas tóxicas.
  • El espejo: Es importante reflejar, devolver o proyectar lo que las personas tóxicas nos hacen o nos dicen, sin dejarnos afectar, culpabilizar o castigar por ellas. También es importante hacerles ver, sentir o experimentar lo que nos causan, sin dejarnos compadecer, atender o beneficiar por ellas.
  • La cordialidad: Es importante tratar con educación, respeto y amabilidad a las personas tóxicas, sin dejarnos ofender, faltar o molestar por ellas. También es importante mantener la calma, la serenidad y la paciencia, sin dejarnos alterar, irritar o enfadar por las personas tóxicas.

Reflexión final

Las personas tóxicas pueden estar en cualquier parte y pueden hacernos mucho daño si no sabemos cómo reconocerlas y alejarnos de ellas. Sin embargo, también podemos aprovechar la oportunidad de aprender de ellas, de crecer como personas y de mejorar nuestras relaciones.

 Además, debemos ser conscientes de que nosotros mismos podemos ser personas tóxicas en algún momento o situación, y que podemos cambiar nuestra actitud si queremos ser más sanos, felices y positivos. Por eso, te invito a reflexionar sobre estas preguntas:

  • ¿Conoces a alguna persona tóxica en tu vida? ¿Cómo te hace sentir? ¿Qué puedes hacer para protegerte de ella?
  • ¿Has sido alguna vez una persona tóxica para alguien? ¿Cómo le hiciste sentir? ¿Qué puedes hacer para cambiar tu comportamiento?
  • ¿Qué puedes hacer para evitar convertirte en una persona tóxica? ¿Qué hábitos, valores o actitudes puedes cultivar para ser una persona más sana, feliz y positiva?

Espero que este artículo te haya sido útil e interesante. Si te ha gustado, compártelo con tus amigos o déjame un comentario. Gracias por leerme. 

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